

Presence (2025)
Tras instalarse en su nuevo hogar en los suburbios, la familia pronto descubrió que no estaban solos en el espacio. Ruidos extraños resonaban por los pasillos en la noche, sombras inexplicables danzaban en el rabillo del ojo, y objetos parecían moverse por sí mismos. A pesar del miedo inicial, también sentían una extraña sensación de consuelo, como si la presencia invisible no les deseara mal. Con el tiempo, abrazaron la idea de compartir su hogar con estas entidades misteriosas. A medida que los días se convirtieron en semanas, comenzaron a comunicarse, dejando notas y escuchando susurros en respuesta. Al final, comprendieron que los espíritus no querían hacer daño, sino brindar compañía y conexión en su nuevo entorno.








